Hasta ahora, la idea que tenemos acerca de la sanación mediante cualquier tipo de terapia energética, es la de que necesito sanar GRACIAS a la energía que me aporta el Universo. ¿Pero con qué derecho puede un terapeuta invocar una energía para “sanar” a nadie?

¿En qué punto nos encontramos? ¿Estoy vulnerando el proceso de una persona que está pasando por una enfermedad que ella misma ha creado para superarla? Si esta persona la ha atraído a su vida es porque debe cumplir un aprendizaje importante con ella. ¿Puedo decidir yo “eliminarla”? ¿Puede incluso esa persona, que ve la enfermedad como algo molesto, decidir que una persona externa a ella le ayude a “eliminar” esa enfermedad?

Como vemos, hay tema de debate. Y la solución pasa por llegar a un punto en el que voy a dar el verdadero amor incondicional. Ese con el que el Ser se siente cómodo.

Te amo, estés pasando por lo que estés pasando.

La auténtica labor del terapeuta energético está ligada a una ampliación de la conciencia.

¿Por qué?

Simple. Una enfermedad es el resultado “palpable” en el mundo físico de una emoción mal gestionada y que generalmente ha venido por un mal enfoque desde la consciencia. ¿Mundo físico? ¿Emoción? ¿Enfoque?

Creo que esto va a ser un poco más “denso” de lo que creía 😉 Os pido disculpas.

LOS CUERPOS

Bueno, no tenía mucha intención de hablar de esto aquí, pero creo que para entrar en sintonía y vibración, hemos de crear el clima adecuado. Así que vamos a decorar con velitas, inciensos y música nuestro artículo.

Nos vamos a los inicios. La Trinidad. Por favor, de esto tengo una charla en youtube y os ayudará a entender qué es la Trinidad en cada un@ de nosotr@s. Cómo funciona, qué hago con ella, etc. Es importantísimo a partir de ahora, que el terapeuta haga un trabajo consciente de equilibrio de sus energías masculinas y femeninas. Porque llegado a ciertos niveles, se EXIGE. El Universo fluye a través de la apertura. Y si tengo “fallos de sistema” desde que nací… Es decir, hemos de tener ganas de llenarnos las manos de barro con nosotros mismos y vernos como seres que hemos de cuidar y limpiar para quedar lo más “bonito” posible en la decoración de todo este entramado que se teje en el Universo.

Si queréis más información acerca de la Trinidad y la cocreación, podéis ver esta conferencia en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=y_FH6igkR6A

Vamos al lío.

Existe un Espíritu. Uno grande, como una gran nube de Conciencia con mayúsculas. Una Conciencia Inteligente porque trata de descubrir lo que es y hasta dónde puede llegar. Este Espíritu se expande. ¿Por qué se expande? Al Ser Consciencia y Consciente, cada vez que uno de nosotros experimentamos algo en la vida y vemos qué nos aporta este algo, estoy dando Luz a la situación, estoy haciendo consciente el acto y, por lo tanto, estoy sumando mi sabiduría a la sabiduría del Universo. El Yo, como individuo, nutre al Espíritu de la misma forma que él nos nutre a nosotros.

¿Cómo que nos nutre?

Si habéis visto la charla, vemos que hay una correlación entre los elementos de la Trinidad y el cuerpo humano. Como es arriba, es abajo, es lo mismo que decir, como es en el mundo espiritual, así es en el mundo físico. Así que era más o menos obvio pensar que la Trinidad debía tener un aspecto físico.

De momento lo encontrábamos en casa, con papá y con mamá (mi visión SIEMPRE será la del niño). Padre, Madre e Hijo.

Pero claro, el crecimiento y el proceso es individual de cada persona, así que he de buscar el Padre, Madre e Hijo dentro de mí.

Y aquí, para rematar, nos ayudamos de la religión, la cual vamos a dejar totalmente a un lado para no mezclar temas, aunque en esta ocasión “visualizamos” la acción de santiguarse. Padre, Hijo, Espíritu Santo (vamos, la Santa Madre). Nuestras manos ya nos dan una pista de dónde están.

Así que el Espíritu para hacerse consciente de sí mismo, crea un Ser Humano a su imagen y semejanza. ¿Eso es que el Espíritu tiene piernas, brazos y tiene dos ojos?

Fuera bromas, obviamente si el Espíritu habla en lenguaje de Conciencia, mi imagen y semejanza, están ahí, en la Conciencia. Es decir, mi CAPACIDAD es la misma que la del Espíritu. Ahí está el punto clave. Es como si de esa gran nube cayeran multitud de rayos de sol y en el extremo de cada rayo nos encontráramos nosotros. La semilla del espíritu en nuestra conciencia (chakras 7,6,5).

Ya tenemos al creador, al que puso la semilla, al que le dio por explotar en un Big Bang cuando no había nada y sólo existía vacío. La energía del Padre, la fuerza, la voluntad de crearse a sí mismo, para conocerse y expandirse.

Y un día, se dio cuenta de que la conciencia por sí sola, no podía trabajar. Y vio en el Universo otra fuerza, una fuerza que no veía pero sabía que estaba. Se encontraba en el mismo vacío. En un vacío infinito que el Espíritu miraba pero no podía ver.

Y como no existían más elementos, nada más que ellos dos, a base de observarse, llegaron a un acuerdo. Y como no podían hablar, no discutieron nunca. Decidieron colaborar porque se amaban. Una colaboración desde el corazón.

Yo decidiré porque tengo la Conciencia y tú crearás en tu vacío todo esto que yo pienso y creo. Y vieron el juego divertido.

La Conciencia tenía utilidad y se nutría de propósitos e intenciones y el vacío, repleto de ENERGÍA se sentía amoroso de ponerlo todo a disposición de una causa. Siempre debe haber un motivo, una causa.

En ese vacío repleto de energía, se congregaban todos los sentimientos de amor que caben en el Universo. ¿Amor hacia quién o hacia qué? Hacia el Padre inicialmente. La Energía creaba con Amor todo lo que el Espíritu dictaba, porque eternamente hay un pacto amoroso entre ellos, porque entendieron que no podían ser el Uno sin el Otro. Se convirtieron en Uno. Y el Espíritu un día decidió crear una criatura que tuviera capacidad de actuar en todo aquello que creaba. Si él es Espíritu, podría entrar en la materia, pero solamente influir en el campo etérico de las cosas. Necesitaba de un “objeto” físico para poder interactuar en el mundo físico para poder seguir expandiéndose con nuevas experiencias.

Y la Energía se puso a crear todo lo visible a nuestros sentidos. Y cuando llegó al Ser Humano lo miró y vio en él la magnificencia de la Conciencia y lo amó. Lo amó al igual que amaba al Gran Espíritu. Y vio que tenía el potencial del Padre y la inocencia y el Amor de la Madre.

Y lo llamaron HIJO.

Y el hijo haría lo mismo que hace el padre. El Espíritu debía autoconocerse a través de su capacidad. Su capacidad es la conciencia, se autoconoce a través de las ideas, los propósitos y las intenciones.

Y el hijo, en el plano físico, tenía la capacidad de HACER, de REALIZAR las ideas, de materializarlas. Así que el Espíritu comenzó a dictar desde arriba lo que quería experimentar, pero se olvidó de una cosa. Una virtud del Espíritu es la voluntad y aquel Ser creado, debía autoconocerse y autoreconocerse como Espíritu, para poder llevarse bien y cocrear en armonía.

Pero como todo, el trabajo está por delante, así que el PADRE se encontró con que el HIJO tenía la misma voluntad férrea y trataba de ver por él mismo. El Espíritu quería imponer sus normas y el hijo que lleva la sangre del padre, quería imponer las suyas. Y aquí gana el que lleva más experiencias sumadas.

Al principio, como todo hijo pequeño, ese Ser Humano en pañales, recién creado, obedecía. Y llegó un momento en el que decidió comenzar a juzgar. Esto me gusta, esto no me gusta. Y el Espíritu se dio cuenta de que no podía interceder. De hecho, él mismo creó esa norma. Si quiero ser autoconsciente, debo aprender a serlo en cada nueva creación. Y por eso nos pasamos la vida, “reconectando”. El Ser Humano, que vivía en el lecho de la Conciencia y la Energía, optó por “comer” del “árbol del bien y del mal”. Es decir, comenzó a decidir qué experiencias quería vivir y cuáles no.

Y ahí empieza el lío (otra vez).

Resumimos.

Tenemos un espíritu (PADRE) que es monotema. Conciencia hijo, conciencia. Intención, proyección, ten un motivo amoroso cuando hagas las cosas.

Tenemos una energía (MADRE) que tiende a ser la madre que todos conocemos. Nuestra parte que quiere dar a todos lo que quieren. Crear, crear y crear.

Y tenemos un mundo físico en el que están integrados unos Seres y entre ellos, el Ser Humano, ese raro espécimen de niño hiperactivo que lo quiere tocar todo y se quiere meter en todos los jaleos del mundo.

¿Y qué hacemos con todo esto?

Tenemos una primera opción. Ponemos a partes iguales un poco de cada uno de los elementos y mezclamos en una coctelera, añadimos hielo y tomamos fresquito.

Opción dos: tratar de ENTENDER.

ENTENDER es una acción responsable de nuestros actos. Es madurar. Es dar consciencia a los hechos que nos ocurren. La acción es tan sólo un envase que envuelve la energía que quiero regalar. Quiero entender e integrar la energía y desapegarme del envase.

BUSCANDO EL EQUILIBRIO.

Es importante darnos cuenta de que hablamos de tres cuerpos (dos de ellos sutiles y uno denso) que actúan de forma independiente y que deben coordinarse en proporciones adecuadas para que el resultado sea óptimo y equilibrado.

Lo malo de esto, la famosa Torre de Babel. Según la historia de la Torre, “Dios” regaló diversos idiomas a los hombres para que no pudieran crear una Torre que llegara hasta el cielo. Como el Espíritu es así de original, y como no podía ser de otra manera, debía crear cosas que él mismo observara (como es arriba, es abajo –bis-). Y se dio cuenta de que el “idioma” que él utilizaba, era diferente que el idioma de la “madre”. Y llegaron a un punto intermedio. La Conciencia aprendió el idioma del Amor y el Amor aprendió el idioma de la Conciencia. Y ahí apareció la verdadera SABIDURÍA del Espíritu. Aprender a actuar con conciencia y amor. La Unión de Conciencia y Energía creó Sabiduría. La Unión de Padre y Madre, creó al HIJO. ¿Quién es Conciencia, quién Energía de Amor Incondicional y quién Sabiduría? 😉

Y como tal, así lo es en el Ser Humano. La Conciencia debe comprender al Amor y el Amor a la Conciencia para que nuestros HECHOS plasmen un equilibrio.

Espíritu, Alma y Cuerpo en equilibrio.

Y así, el niño iba a su aire, porque no entendía nada. Nadie les dijo nada de qué debían entender. Y el Espíritu emitía llamadas al Ser Humano. “Sigue tu conciencia, busca el bien de todos”. Y el niño iba a su aire, experimentando. Y el Espíritu se mosqueó. Y dejo de llamar por teléfono al niño. Y un día el niño se encontró desamparado y miró hacia arriba y dijo: “Padre, ¿por qué me has abandonado?” (Biblia Reloaded). Y claro, ahí podemos imaginar el percal, con el Espíritu echándose las manos a la cara en plan, ¿qué me estás contando?…

Así que el Espíritu conectado al Amor, idearon una manera para que el niño creciera según su libre albedrío. Crece cuando creas que estás preparado. Y en lugar de dar la lata con mensajes a la Conciencia dijo “Por sus hechos los conoceréis” (cualquier día hago una revisión de la biblia y me queman en la hoguera).

¿Qué significa esto?

¿Significa esto que el Espíritu deja que la gente juzgue mi proceso cuando haga las cosas?

No, vamos a comenzar a pensar que detrás de cada acto hay una conciencia y un amor que crean la situación. CREAMOS una situación y como nosotros mismos ya decidimos que creceríamos cuando nos diera la real gana, el Universo creó la REACCIÓN para recordarnos que tenemos que madurar. ACCIÓN y REACCIÓN.

Yo hago, el Universo me devuelve y de ahí “gano” un bonito aprendizaje.

Cualquier acto que haga, me da una experiencia, y esa experiencia pasa a nosotros como un currículum impreso en las energías. Así pues, quedamos a disposición de que conozcan nuestra energía. La energía es un magnetismo. La Ley de Acción y Reacción funciona igual que el Universo, magnetizamos por vibración, es decir, atraemos por vibración. Significa que conforme yo soy en mi plano físico, mi manera de ser, entro  en resonancia con un determinado tipo de cosas. Así que voy a ser propenso a atraer a un tipo de situaciones un tanto repetitivas a mi vida. Hasta que me desapegue de mi “yo soy” en el plano físico, es decir, de mi Ego, de lo que creo que soy. Ahí, empezaré a dejar de atraer malas energías. Lo cual no significa que periódicamente atraiga situaciones en mi vida un tanto discordantes. Pensaré  en qué hice y qué me volvió.

Además, no contento con ésto, nuestro querido Espíritu decretó: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”.

El Espíritu decreta, ¿me estoy refiriendo al pan de comer? ¿Al alimento físico?  No, cuando habla de pan, se refiere a la abundancia. ¿Cómo creo la abundancia? Que levanten la mano todos los que llevan años con fórmulas mágicas sobre la abundancia y no les sale nunca.

Con el sudor de tu frente.

Haz trabajar tu CONCIENCIA. Sí, esa parte del Espíritu que habita en el centro de tu frente; dónde está esa semilla del Espíritu con todo ese potencial. “Sólo” hemos de actuar haciéndole caso.

Es que si hago eso que me pide me van a mirar mal / no me parece ético / no me gusta / paso de rollos / ________———————-_____________ (ß espacio interactivo, puedes poner aquí tu excusa).

El proceso es mío y de nadie más, personal e intransferible. Y al final, vas a acabar haciendo lo que el Espíritu dicta para ti, más tarde o más temprano. Y si es necesario, te irá despojando de todo hasta que te quedes solamente con él y te des cuenta de que en la más absoluta soledad personal o material y con la quietud y la paz interior suficiente, ahí está, diciéndote a través de la intuición lo que debes hacer. Es el eterno apuntador.

Así pues, tenemos dos opciones, o hacerlo por las buenas, o por las malas. Si lo hago por las buenas, el Espíritu y la Energía están felices porque el niño es obediente y se come la verdura sin rechistar. Si no, tendrán la verdura en la nevera y de vez en cuando la sacaran hasta que el niño se la coma. Ahora cambia la palabra verdura por un marrón que esté en tu vida en estos momentos y al que no te quieras enfrentar.

¿Y por qué debo enfrentarme a eso que no quiero? Analiza porque no quieres enfrentarte.

Miedito. Nos cargamos de miedo porque no sabemos si vamos a ser capaces de gestionar bien la situación. Y no lo hacemos. Y Papá y Mamá te miran…”cómete la verdura” y me cierro, cierro la boca y las piernas si es necesario. Y además me cruzo de brazos para hacer ver que soy valiente y muy duro para que dejen de insistir. Y ellos te miran y te dice, está bien. Ya te lo saco mañana para comer. Y por dentro están llenos de amor de tener entre sus brazos a ese bebé (nota: el término bebé incluye a personas de edades terrenales comprendidas entre 0 y 500 años).

Así que, vamos a dejarnos el orgullo a un lado. Ya sabemos que al que le toque probar verdura, se la va a comer tarde o temprano, así que cuanto antes, mejor. Y cuando te la hayas comido una vez, al tiempo te la sacaran de nuevo, para que demuestres que aquello no fue casualidad. Y te resistirás… (¿otra vez verdura?). Y al final, te la comes. Total, lo hice una vez…pues otra. Y a la tercera ya te costará menos. Y a la cuarta te darás cuenta de la sonrisa y lo contentos que están los padres porque estás entendiendo que el objetivo real de esa prueba, no es que comas verdura por cabezonería. El auténtico aprendizaje es:

“PARA SUPERAR UN MIEDO DEBES ENFRENTARTE A ÉL. ASÍ QUE FABRICA UNA SITUACIÓN, UN HECHO, PARA QUE PUEDAS CONSEGUIRLO. SI NO LO HACES TÚ, LO HARÁ EL UNIVERSO POR TI” (creo que esto no está en los Texto Sagrados).

El verdadero aprendizaje es aprender a fluir en cualquier situación. ¿Para qué quiero fluir? Para que la sabiduría del Espíritu pueda ser atraída con más fuerza, con más determinación y esas capacidades vayan creciendo dentro de mí. Soy un imán que atrae cosas a mi vida. Cuanto más sucio esté, más sucio atraeré.

¿Y qué gana el Ser Humano con todo esto? ¿Soy un títere? ¿Me han “fabricado” para “abusar” de mí y usarme de esclavo?

El Ser Humano gana el derecho y el mérito de ENTRAR en vibración con las energías creadoras más fuertes que existen (dicho así parece que sean mil fuerzas). La Conciencia y la Energía. Juntas CREAN absolutamente TODO. Y cuanto más en vibración esté con el Espíritu, así más fuertes serán mis creaciones. Cuestión de merecimiento.

¿Cómo obtengo los méritos? Si yo soy obediente y digo que sí a todo, ¿por qué no me sale nada…?

Los méritos no se piden, se demuestran en el día a día. La madurez de afrontar los problemas. El Espíritu, va a ponerme a prueba. El Espíritu es fuerte y tiene voluntad. Nosotros también. Sólo debemos conectar con esas capacidades. El miedo “retiene” mis experiencias. Y si no creo, dejo de estar conectado con mi parte creadora. Así que, como hemos dicho antes, si queremos que Papá nos llame por teléfono, debemos hacerle caso, porque él quiere lo mejor para nosotros. Y el problema es que lo sabemos, pero aun así en ocasiones actuamos de una forma que ni nosotros mismos entendemos.

Porque, para complicarlo todo un poco más, al ser todos parte de Espíritu, somos como las figuritas de ajedrez que se coordinan para efectuar movimientos. Así que si necesito aprender una lección, el Universo buscará en otro Ser, la persona capaz de ponerme a prueba. Y esa persona, en ocasiones “ha perdido los papeles”. “No sé por qué actué de esa manera”. Debía ser así porque había un aprendizaje para ambos. El Universo es perfecto e impersonal.

Es así como finalmente podemos aprender a gestionar nuestras capacidades e integrar nuestros propios actos con responsabilidad y acierto.